jueves, 21 de julio de 2011

II

Todo empezó un tardío día de octubre de finales de los años 70, en una pequeña ciudad de un país europeo. Yo estaba flotando en las entrañas de mi madre, como siempre, en posición fetal, sin ninguna otra preocupación que la de chupar con avidez mi pulgar. Llevaba mucho tiempo viviendo en esa cálida y protectora estancia, y ya empecé a acostumbrarme hasta a los raros sonidos que escuchaba desde el exterior, sonidos que al principio me hacían sobresaltar horrorizado, y no me refiero a los pedos y a los eructos.

Pero ese día fue distinto de todos los anteriores. El primer indicio de que algo inusual estaba pasando, fueron los continuos espasmos que hacían que mi hospedaje se tambaleara, y al poco tiempo la cálida y reconfortante viscosidad que me envolvía placidamente, poco a poco se fue escurriendo por algún desagüe invisible. Una fuerza superior a mí empezó a empujarme y moverme de sitio hacia un punto, encima de mi cabeza, que yo no alcazaba a divisar, posiblemente también, porque tenia los ojos cerrados. Intenté resistirme, pero no tenia la fuerza necesaria para efectuar tal tarea.

Lo primero que sentí al asomar los tres únicos pelillos que albergaba mi testita fue una nueva sensación, un frescor en la punta de mi cabeza que aumento paulatinamente a la vez que una suave presión sobre mi piel. Solo tardé unos 40 segundos en traspasar ese anillo estrujante que me expulsó directo a las manos de un gigante borroso, vestido de blanco que balbuceó algo ininteligible para mí, dirigiéndose a mi madre, seguramente ”Es un niño”.

 Luego, me cogió de las patas, cabeza abajo, y sin piedad golpeó dos veces mi suave, dulce y viscoso culete. Estaba extraordinariamente asustado y asombrado, así que no reaccioné. El maltrata niños frunció el ceño y al instante me articuló con otros dos cachetes, un poco más fuertes que los anteriores. No aguanté más, algo extraño, molesto y chirriante salió de mi boca, un sonido que llegó a asustarme mas aún, y que identifiqué como mi voz. El hombre de blanco sonrió satisfecho, me limpió y me llevó a los brazos suplicantes de mi madre.

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6 comentarios:

Cristelicious dijo...

Original visión del parto.
No me ha dejado indiferente el principio de tu historia. Estaré pendiente a ver como sigue. Besos.

Hattori Hanzo (el sartenista) dijo...

Enfoque, que interesante enfoque el que nos propone, como alguien que ayuda a otros, es ñresentado como un maltratador.

Buenas tardes
Sartencaliente.blogspot.com

Katmarce dijo...

Linda entrada, Gordinflas, la llegada a este mundo no tan apacible como el del vientre materno..

Saludos,
Katmarce--
submarinopimienta.blogspot.com

Gordinflas dijo...

Gracias por vuestros comentarios.
Katmarce, has captado exactamente lo que yo quería que se captase. Saludos.

Eva BSanz dijo...

Maravilloso, has dictado un parto desde lo más alto de la verdad. Es fantastico leerte y me voy a la siguiente parte.

Mi beso para ti.

Gordinflas dijo...

Gracias Eva. Saludos.